Three myths about the energy reform in Mexico

Energy reforms will generate business opportunities for domestic and foreign companies with interest in participating in the energy industry in Mexico. However, the recent fall in oil prices and social and political tension in the country will test the conviction of investors, regulators and operators.

(Full article only available in Spanish)


Las reformas generarán oportunidades de negocio para compañías nacionales y extranjeras con interés por participar en la industria energética en México; sin embargo, la reciente caída en el precio del petróleo y la tensión sociopolítica en el país pondrán a prueba la convicción de inversionistas, reguladores y operadores.

Después de décadas en que México operó en uno de los marcos regulatorios más restrictivos para las industrias petrolera y eléctrica, las reformas aprobadas generarán nuevas oportunidades, no sólo para México y sus 123 millones de habitantes, sino también para compañías del sector privado, nacionales y extranjeras, que ahora podrán aportar su capacidad, tecnología y capital al sector energético.

Las reformas podrían ayudar a liberar reservas de más de 100,000 millones de barriles de petróleo equivalente —una cifra similar a las reservas del Mar del Norte, cuyo desarrollo transformó las economías de la región. La producción en México podría incrementarse de 2.5 millones de barriles de petróleo diario a 3-4 millones para el 2025—, lo que además significaría un incremento de 2% del PIB para el año 2025.

Tras una serie de análisis y conversaciones con ejecutivos y reguladores del sector energético, creemos que existe un gran potencial en la industria, siempre y cuando los ejecutivos e inversionistas tengan un claro entendimiento sobre el panorama de inversión y sean capaces de definir una estrategia de entrada que asegure un balance entre la oportunidad y el riesgo. La industria energética, dada su escala y complejidad, presenta oportunidades de participación a través de toda su cadena de valor, desde la exploración y producción hasta la distribución y refinación, de igual manera que en el desarrollo de infraestructura para la generación y transmisión de energía.

Con la apertura del sector se espera que la inversión en los recursos sin explotar, así como la aplicación de nuevas tecnologías y prácticas de gestión más competitivas, conduzcan a un crecimiento acelerado del volumen de producción, el nivel de actividad y la creación de valor en toda la industria. Esto es lo que hemos visto en países como Colombia y Noruega, donde la apertura del sector energético incrementó la actividad —aunque al mismo tiempo generó presión en el sector y en su cadena de suministro para servir a la industria.

Considerando la gran cantidad de oportunidades desaprovechadas, promesas incumplidas y buenas ideas mal ejecutadas en la historia de nuestro país, es entendible que la opinión pública se muestre escéptica sobre el verdadero valor de las reformas. Sin embargo, mientras que algunas de las preocupaciones en torno de la transparencia en la asignación de contratos y el respeto al Estado de derecho están fundamentadas, consideramos que otras de las preocupaciones reflejan una falta de entendimiento sobre la evolución del panorama competitivo y la realidad de México.

Algunas de las percepciones negativas más comunes son:

  1. Sólo unos pocos se beneficiarán con las reformas. Creemos que los beneficios de las reformas tienen el potencial de impactar a un número importante de participantes. Ejemplo: el gobierno, como propietario de los recursos, tiene la capacidad de generar competencia en las licitaciones. Procesos recientes en Brasil y Mozambique han confirmado una tendencia de muchos años en el sector energético, en el cual cada vez hay mayor cantidad de jugadores —compañías petroleras internacionales, nacionales y privadas, así como de servicios petroleros— que tienen la capacidad financiera, las habilidades y el hambre por competir. Claramente, el impacto real de las reformas está sujeto a que los procesos de licitación y contratación cumplan con las expectativas de mayor transparencia y competencia. La participación de la ciudadanía y los medios de comunicación será determinante para ayudar a reducir la influencia de la corrupción.
  2. Las empresas mexicanas no tendrán la capacidad de competir y serán sustituidas por competidores extranjeros. Por el contrario, experiencias en países como Brasil, Noruega y Qatar muestran que la desregulación se convierte en un estímulo para las empresas energéticas nacionales, que se ven obligadas a reforzar sus capacidades y mejorar su desempeño. Pemex y CFE tienen evidentes ventajas técnicas y operacionales, como la experiencia de Pemex en aguas someras. Algunas de estas ventajas, incluyendo el conocimiento local, la escala y el acceso a la información, serán difíciles de replicar para los competidores internacionales, y en otros países han sido la plataforma para emerger de esta transición con mayor fortaleza y como verdaderas empresas productivas de Estado.
  3. Ya es demasiado tarde para involucrarse. Los cambios propuestos por las reformas energéticas de México se desarrollarán e implementarán durante los próximos 10 a 15 años, un periodo lo suficientemente largo para que las compañías de energía e inversionistas puedan analizar a detalle el entorno y elegir el mejor curso de acción. Apresurarse a entrar en el juego, sin antes tener un total entendimiento sobre las reglas del mismo, no será el camino adecuado para nadie.

Las reformas energéticas en México representan un parteaguas para el país y para su sector energético. Somos optimistas sobre la oportunidad única que se generará para la economía del país; incluso a pesar de la reciente tensión sociopolítica y la caída del precio del petróleo, que sin duda pondrán a prueba la convicción y confianza de todos los participantes. Irónicamente, el ambiente actual puede ser benéfico para la industria, ya que puede evitar un posible sobrecalentamiento del sector, como ha pasado en otros países. Las compañías energéticas e inversionistas que tienen planeado entrar al mercado deberán seguir de cerca el progreso de las reformas, que pueden generar gran valor para la industria energética de México y en beneficio de la economía nacional.