Executive Summary
Imaginemos que una organización —o mejor aún, un país— decidiera, por diseño, prescindir del 42,8% de su capital humano. Personas con talento, potencial y habilidades críticas que, aunque están listas para generar valor, se encuentran con una fuerza invisible que frena sus oportunidades. Suena como una ineficiencia operativa grave, ¿cierto? Sin embargo, es la radiografía actual del mercado laboral colombiano.
Las cifras más recientes del DANE, al cierre de 2025, son reveladoras: mientras 77 de cada 100 hombres en edad de trabajar participan activamente en la economía, apenas 53 mujeres lo hacen. Esta brecha de 24 puntos porcentuales no es solo una estadística social; es un síntoma de un país que aún no maximiza el potencial de 10 millones de mujeres que hoy se encuentran fuera del mercado laboral.
De la disponibilidad 24/7 a la cultura del resultado
Para entender dónde estamos, debemos reconocer de dónde venimos. El mercado laboral del siglo XX se construyó bajo un paradigma distinto, que no contemplaba las responsabilidades del cuidado y otros factores esenciales. No obstante, las reglas del juego han cambiado.
En la última década, hemos visto una transformación impulsada por dos motores: sociedades que exigen la compatibilidad entre la vida personal y profesional, y empresas que han entendido que la diversidad no es un ejercicio de relaciones públicas, sino una estrategia de negocio. Según datos de Bain & Company, esta evolución es tangible: la representación femenina en niveles directivos creció 5 puntos en diez años, y hoy el 11% de las CEO de Fortune 500 son mujeres, más del doble que en 2014.
El "precio de entrada" ya no es suficiente
La inversión corporativa ha dado frutos. Según el estudio de Bain titulado “Más allá de las políticas: comportamientos de liderazgo que impulsan a las mujeres hacia la alta dirección”, entre 2019 y 2024, el acceso a formación en liderazgo para mujeres se duplicó, llegando al 62%, y la flexibilidad laboral saltó del 23% al 57%. ¿El resultado? La ambición femenina se ha disparado: la proporción de mujeres que aspiran a la alta dirección se triplicó, pasando del 16% al 54%, y su confianza para alcanzar estos cargos se cuadruplicó.
Sin embargo, en el entorno competitivo actual, tener políticas de flexibilidad o programas de mentoría es apenas lo que en Bain denominamos el "precio de entrada". Para liderar el mercado, las organizaciones deben trascender el cumplimiento normativo y enfocarse en cuatro comportamientos críticos de liderazgo que nuestro reciente informe identifica como los verdaderos diferenciadores:
- Fomentar una mentalidad de crecimiento: Normalizar el riesgo como parte del desarrollo.
- Direccionamiento estratégico: Guiar el talento hacia tareas que generen energía y alto impacto.
- Transparencia radical: Claridad absoluta sobre las rutas de carrera y los requisitos de ascenso.
- Autenticidad: Valorar estilos de liderazgo diversos que se alejen de los moldes tradicionales.
Mover montañas, no solo granos de arena
Cuando las barreras estructurales se reducen, el talento emerge de manera natural. La pregunta para la alta gerencia en Colombia en este Día Internacional de la Mujer no es cómo cumplir con una cuota, sino qué tanto valor estamos dejando sobre la mesa al no cerrar estas brechas con mayor velocidad.
No se trata de gestos simbólicos ni de sumar "granos de arena". Se trata de movilizar estructuras enteras con la convicción de que el talento no entiende de géneros, pero los resultados de negocio sí entienden de talento. La oportunidad de crecimiento para Colombia está ahí, esperando a que decidamos, finalmente, dejar de prescindir de ella.