Brief
|
|
Executive Summary
Hoy en día, la mayoría de los CEOs afirma que se toma la IA muy en serio. Han aprobado presupuestos, puesto en marcha proyectos piloto, creado equipos dedicados a la IA y explicado a sus directorios cómo estas iniciativas ayudarán a evitar que la empresa se quede atrás. Sin embargo, lo que la mayoría está haciendo en realidad es gestionar un portafolio de iniciativas de IA —una colección de experimentos, pruebas de concepto y herramientas orientadas a mejorar la productividad— en lugar de liderar una verdadera transformación impulsada por IA. Y no es lo mismo: la brecha entre ambas sigue ampliándose con rapidez. La frustración es evidente. La encuesta más reciente de Bain entre CEOs muestra que cerca del 80% no está satisfecho con el ritmo de sus programas de transformación con IA. Pero los datos revelan una realidad aún más contundente: alrededor del 85% de las empresas no está ejecutando bien esa transformación. La frustración con la velocidad es real, pero en gran medida es un síntoma de cómo se están gestionando estos programas, no un reflejo de la velocidad que la tecnología realmente permite alcanza Las empresas que están emergiendo como líderes no simplemente avanzan más rápido por el mismo camino; operan con una lógica distinta, basada en una divergencia estructural. ¿Cómo lo logran? Construyendo inteligencia propietaria que las sitúa en una curva de crecimiento completamente diferente. Han tomado decisiones deliberadas, al más alto nivel del directorio, sobre dónde la IA transformará la economía de su negocio. Están rediseñando los flujos de trabajo desde cero, en lugar de limitarse a incorporar IA sobre procesos existentes. Están invirtiendo en datos, en capacidades de software basadas en agentes de IA y en el aprendizaje organizacional como activos estratégicos. Y hacen todo esto con un horizonte de varios años, no pensando únicamente en el próximo trimestre. Una empresa desarrolla inteligencia propietaria cuando combina tres elementos que ningún competidor puede copiar:
Los datos propietarios hacen más eficaces a los agentes; los agentes potencian a las personas; las personas rediseñan el trabajo y codifican los nuevos flujos de trabajo; y ese nuevo trabajo genera mejores datos. Ramp, la plataforma integral de operaciones financieras para empresas, muestra cómo se materializa la inteligencia propietaria en la práctica. Tras alcanzar un 99% de adopción de herramientas de IA en toda la organización, el equipo descubrió que la mayoría de los empleados había llegado a un punto de estancamiento. No porque los modelos fueran insuficientes, sino porque no existía una infraestructura compartida que conectara las herramientas, difundiera los flujos de trabajo y preservara el contexto entre sesiones. El equipo desarrolló Glass, una plataforma interna de productividad basada en IA, donde el avance de una persona se convierte rápidamente en el nuevo estándar para toda la empresa y el sistema acumula memoria persistente en toda la organización. Como señalan sus directivos, la productividad interna constituye una ventaja competitiva difícil de replicar, y ninguna organización entrega esa ventaja a un proveedor. Esta es una diferencia fundamental en el panorama estratégico actual. Las anteriores olas tecnológicas favorecían a quienes esperaban antes de adoptar nuevas tecnologías. Las empresas que aguardaban algunos años para migrar a la nube, digitalizar sus operaciones o modernizar sus plataformas de datos podían ponerse al día. Las ventajas que obtenían los pioneros no eran imposibles de igualar con una mayor inversión, un mejor proveedor o un director de tecnología (CIO) competente. Con la IA, la dinámica es diferente. La IA basada en agentes constituye una categoría de software completamente distinta de los sistemas y herramientas con los que las empresas han operado hasta ahora. Estos agentes planifican tareas de múltiples pasos, ejecutan acciones en distintos sistemas mediante interfaces de programación de aplicaciones (API), mantienen el contexto a lo largo de interacciones prolongadas y actúan con autoridad delegada en nombre de la empresa. La ventaja competitiva comienza a acumularse desde el primer día gracias a mecanismos de retroalimentación que se potencian entre sí y que no existían de la misma manera en las anteriores olas tecnológicas. Siete decisiones para desarrollar inteligencia propietariaSiete decisiones distinguen a las empresas que están desarrollando inteligencia propietaria y ganando con la IA.
Desarrollar las capacidades necesarias para llevar adelante este tipo de transformación puede ser más difícil de lo que muchos CEOs imaginan. Dos décadas de deslocalización de funciones (offshoring) y de una estrategia centrada en soluciones de software como servicio (SaaS) han dejado a la mayoría de las grandes empresas sin la capacidad interna de desarrollo de software que exige la IA basada en agentes. Y esa capacidad no puede adquirirse simplemente contratando a un proveedor. La capa de orquestación propietaria de una empresa debe desarrollarse internamente, pero la capacidad para construirla se ha debilitado en la mayoría de las compañías que integran la lista Fortune 500. Sin embargo, las empresas líderes ya están haciendo precisamente eso. La primera implementación de IA basada en agentes de Bradesco ilustra cómo se traduce este enfoque en la práctica. El diseño inicial del banco se apoyaba en unos pocos agentes grandes y complejos. Las pruebas beta pusieron de manifiesto que esa arquitectura era demasiado lenta, demasiado costosa y no podía escalar de forma segura. Lo importante no fue que el diseño inicial no funcionara, sino que el equipo detectó el problema desde el principio, lo evaluó con objetividad y transparencia, y decidió rediseñar la arquitectura en lugar de llevar a producción una solución frágil. Ese replanteamiento tomó aproximadamente cinco meses y se convirtió en la base sobre la que pudo construirse todo lo que vino después. Hoy, el banco utiliza IA de cara al cliente en varios de los momentos más importantes de la experiencia bancaria, a una escala de 22 millones de clientes. Nada de eso habría sido posible sin las capacidades y la confianza que el equipo desarrolló durante ese trabajo inicial de menor riesgo. Qué están haciendo diferente las empresas líderesOperar con una lógica distinta también exige comportamientos diferentes por parte de los CEOs que están tomando la delantera. Hay tres rasgos que aparecen de forma consistente en todos los líderes que hemos analizado, y son los que permiten que las siete decisiones formen un conjunto coherente, en lugar de desarticularse. El primero es el compromiso personal. No se trata de asignar un presupuesto ni de patrocinar una iniciativa, sino del compromiso personal del CEO de convertir esta transformación en una prioridad estratégica. Ese compromiso se refleja en cómo invierte su tiempo, en aquello por lo que hace responsable a su equipo y en la narrativa que construye, con su propia voz, para generar confianza en toda la organización sobre cómo la empresa y sus colaboradores prosperarán. Los líderes son quienes cuentan esa historia, no quienes simplemente patrocinan la historia de alguien más. Y nada demuestra mejor ese compromiso y esa curiosidad que los CEOs que utilizan la IA para dirigir y transformar sus empresas, obligando a sus equipos directivos a acelerar el paso para mantenerse al ritmo. El segundo es una concentración implacable. Los líderes no están impulsando más iniciativas que sus competidores; están impulsando menos iniciativas, pero con mayores recursos y un impacto mucho más significativo en las dos o tres áreas donde la IA transforma la economía competitiva de su negocio. El tercero es invertir para aprender. Los líderes entienden que cada decisión relacionada con la arquitectura tecnológica y la gobernanza determina si su ventaja competitiva se fortalecerá con el tiempo o terminará por diluirse. Por eso invierten en los cimientos menos visibles —la capa semántica, la plataforma de orquestación empresarial, la memoria compartida y las capacidades de evaluación—, porque saben que el décimo agente de IA debe ser mejor y más económico que el tercero. Y eso solo es posible si la arquitectura se diseña con ese objetivo desde el principio. Denis Machuel, CEO de Adecco, la empresa global de servicios de reclutamiento, ha liderado personalmente la transformación impulsada por IA como su máxima prioridad, dedicando tiempo a comprender la tecnología y transmitiendo de manera visible a toda la organización que la IA es un elemento central de la estrategia, no una iniciativa secundaria. Su convicción fundamental es que la IA debe implementarse con las personas, no sobre las personas. Sustituyó el miedo por capacitación específica para cada función, diseñó junto con los reclutadores un proceso de selección basado en agentes de IA, de modo que estos asumieran las tareas de mayor volumen mientras las personas conservaban aquellas que requieren criterio y juicio profesional. Además, presentó la transformación como una oportunidad de crecimiento, y no como un plan de reducción de plantilla, generando la confianza y el entusiasmo necesarios para respaldar la ambición de la empresa de que la IA basada en agentes impulse el 50% de sus ingresos hacia finales de 2026. La ventana de oportunidad sigue abiertaEs fácil decir “sí” a las siete decisiones descritas anteriormente. Pero saber si realmente las ha tomado se refleja en otros aspectos: en la agenda del CEO, en la asignación de recursos, en quién integra cada comité y en la información que se presenta al directorio. Pregúntese:
Las siete decisiones no son un conjunto de buenas prácticas. Son decisiones deliberadas, y muchas veces incómodas, que distinguen a las empresas que están desarrollando inteligencia propietaria de aquellas que simplemente están acumulando actividad. Ninguna puede delegarse. Todas recaen en el CEO. La pregunta es: ¿las está tomando de manera deliberada o simplemente por inercia?
Turn Artificial Intelligence into Proprietary IntelligenceA CEO's guide to seven decisions that define AI transformation leaders. |