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El sector asegurador atraviesa un momento transitorio a nivel global. Pese a que lograron un fuerte crecimiento de las primas y mejoraron su rentabilidad el año pasado, un nuevo estudio de Bain & Company advierte que estos resultados estuvieron impulsados principalmente por factores temporales, como el aumento de las tarifas y un año relativamente favorable en pérdidas por catástrofes, y no por cambios de fondo en la manera en que las compañías gestionan el riesgo.
El informe global de Bain "Strong Momentum in Insurance, but Structural Challenges Remain", revela que las primas mundiales alcanzaron los 7,1 billones de dólares en 2025, frente a los 6,7 billones registrados en 2024. La cifra prácticamente duplica los 3,6 billones de dólares de 2010.
“El informe de Bain lo advierte a nivel global y en Argentina lo vivimos a diario: la rentabilidad sostenida por inversiones financieras es una ilusión coyuntural. Con la siniestralidad de autos y la litigiosidad en ART bajo constante presión, las aseguradoras locales no pueden depender del ciclo financiero. La supervivencia del negocio dependerá de sanear el resultado técnico, sincerar la suscripción y bajar costos operativos reales mediante tecnología”, afirma Pablo Sansuste, socio y líder de la práctica de Servicios Financieros de Bain para América del Sur.
¿Qué hay detrás del escepticismo de los inversores?
Pese a que las pérdidas globales por catástrofes naturales sumaron 221.000 millones de dólares en 2025, por debajo del promedio de los últimos cinco años, los inversionistas no comparten el optimismo de los resultados del sector.
El índice MSCI World Insurance tuvo un rendimiento dos puntos porcentuales inferior al índice bursátil global durante 2025, mientras las proyecciones anticipan una desaceleración en la creación de valor de la industria durante los próximos 18 meses.
Según Bain, este escepticismo responde a tres desafíos estructurales:
El primero es la dificultad de acceso y asequibilidad. Varios años de incrementos tarifarios encarecieron las pólizas de hogar y vehículos. En seguros de vida, la penetración se ha mantenido estable o ha disminuido, mientras se reduce la disponibilidad de asesores capaces de acompañar a los consumidores en productos complejos. Lo paradójico es que la necesidad de protección no ha bajado, un estudio de Bain y LIMRA en Estados Unidos encontró que más personas sienten que necesitan un seguro de vida, aunque menos lo tienen, y que la principal barrera es la dificultad para encontrar un asesor de confianza.
El segundo desafío es que las mejoras digitales no se han traducido en ventajas económicas visibles para los inversores. Muchas aseguradoras, sobre todo las más grandes en mercados como Europa, lograron mejorar la relación con sus clientes gracias al uso de datos y tecnología. Sin embargo, eso no siempre se refleja en mejores resultados de negocio. Mientras las primas se duplicaron en la última década, los gastos operativos apenas bajaron 1 punto porcentual, y una señal de que esto podría estar cambiando es la caída de casi 50% en la contratación de personal desde 2022, una tendencia que toca por igual a las áreas de operaciones, tecnología y finanzas.
Y por último, la fragmentación de la cadena de valor. El reaseguro, los gestores de activos y los distribuidores están ganando participación y capacidad de negociación. Entre 2019 y 2024, por ejemplo, el reaseguro creció 28%, frente al 24% de la industria aseguradora en su conjunto.
Cuatro oportunidades para transformar el negocio
Para Bain, la salida no está en frenar el crecimiento, sino en bajar el costo del riesgo de forma estructural. El tamaño de la oportunidad es considerable, las brechas de protección persisten en todas las líneas de negocio y, en varias de ellas, se proyecta que crezcan de forma significativa. En ciberseguridad, por ejemplo, la diferencia entre las pérdidas potenciales y la cobertura disponible podría pasar de 900.000 millones de dólares actualmente a entre 2,5 y 4 billones de dólares hacia 2035.
Cerrar esa brecha exige soluciones más accesibles y de mayor valor para los clientes, algo que los rápidos avances en tecnología, datos y análisis ya hacen posible. El informe identifica cuatro palancas para lograrlo:
- Prevención de pérdidas por siniestros: Tecnologías como los sistemas automáticos de frenado, la protección inteligente del hogar y los dispositivos de monitoreo de salud podrían reducir entre 10% y 20% los costos de las reclamaciones.
- Adquisición de pólizas, asesoría al cliente y distribución con IA: La IA puede ampliar el acceso a orientación personalizada y ayudar a suplir la escasez de asesores capacitados, tanto en seguros individuales como comerciales.
- Eficiencia operativa mediante IA agencial: Los agentes de inteligencia artificial pueden automatizar tareas administrativas y procesos de ajuste de siniestros, permitiendo que los equipos dediquen más tiempo a la atención de los clientes, aunque exige nuevas formas de medir y controlar el gasto en tecnología, que empieza a reemplazar parte del gasto en personal.
- Capital alternativo: La estandarización de productos y riesgos puede facilitar la entrada de nuevos inversionistas y distribuir de manera más eficiente la exposición aseguradora.